Ayuda a tu hijo a aprender a hablar

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La cantidad de veces que un papá o mamá le habla directamente a su hijo, marca una enorme diferencia en el lenguaje de los niños.

Así lo estableció un estudio de la Universidad de Stanford luego de analizar qué escuchaba un niño durante el día.

El proceso de adquirir el lenguaje es fascinante y siempre me ha maravillado cómo un niño absorbe las palabras y frases. En sus caritas casi es posible ver cómo se van creando nuevas conexiones neuronales cuando dicen algo, combinan palabras o logran conversar.

Pero es impresionante ver cómo muchos papás o cuidadores les hablan muy poco a sus hijos pequeños. Como si el no poder hablar aún, les impidiera comprender.

Es verdad que cuando uno le habla a una guagua todo el tiempo puede parecer un poco ridículo, pero los investigadores han confirmado que los niños que más vocabulario tienen a los 2 años, son aquellos a los que más les han hablado directamente. Y no se trata de escuchar la tele o cómo conversan los grandes. La diferencia está en cuánto les hablan a ellos. Es bastante lógico pensar que para un niño, las palabras que tienen relación con lo que le está pasando tengan más sentido -y por lo tanto las aprenda más rápido- que aquellas que escucha del ambiente.

Por lo que para muchos papás preocupados porque su hijo o hija no habla aún, la respuesta es “háblale”.

Algunos tips que ayudan en esta tarea:

  • Describe todo lo que puedas: desde que es una guagua, cada vez que interactúes con tu hijo, cuéntale lo que están haciendo. Preocúpate de que las personas que lo cuidan hagan lo mismo.
  • Cuéntale historias: leer es un gran hábito para aumentar el lenguaje, sobre todo porque escucharán palabras que uno no usa en las conversaciones habituales. Pero también sirve crear historias sencillas. “¿Qué estará haciendo la abuelita? O ¿Cuál es la comida favorita de tu muñeca?” Imaginar e inventar también les ayudará a desarrollar su lenguaje.
  • Pregúntales cosas: aunque no puedan contestar aún aprenderán a distinguir la entonación y que luego se espera una respuesta. Es un aspecto clave de toda conversación.
  • No te limites a las instrucciones: las conversaciones con tus hijos pueden quedarse sólo en entregar órdenes, pero es muy importante que el lenguaje esté asociado a momentos positivos.
  • Elimina las palabras “aguaguadas”: no es necesario hablarles de manera equivocada o “tiernucha” para que comprendan. Es más, esto puede ser contraproducente. Es mejor usar frases simples, pero siempre con las palabras correctas.
  • Haz gestos con las palabras: con mi hija mayor hice un curso de “señas de bebé” porque antes de hablar, los niños son capaces de hacer gestos para indicar lo que quieren. De hecho, la mayoría de los padres lo hacemos sin darnos cuenta al enseñarles a decir “chao” con la mano. Cuando un niño hace ese gesto, está listo para empezar a aprender otros. Lo importante es desarrollar movimientos distintos para las palabras que son significativas, como “leche”, “más” o “se acabó”. Por ejemplo, alrededor de los 8 meses cada vez que yo le daba la mamadera, la miraba a los ojos abriendo y cerrando mi mano mientras le decía que era su leche. Al cabo de un mes, era capaz de repetir el gesto y cuando quería tomar, abría y cerraba sus manitos. Según los expertos esto les enseña un “lenguaje” previo al habla y los predispone mejor a expresarse. Fue tal cual. Ema ha sido la más parlanchina por lejos, y desde muy chiquita.
  • Escúchalos y felicítalos: cuando los niños son pequeños tendemos a apurar sus respuestas o a responder por ellos completándoles las frases. Es importante escucharlos y esperarlos. Cada vez que digan una palabra correcta, felicítalo. Cada vez que digan algo incorrecto, repítelo tú de manera correcta, sin corregir directamente.

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