Celos entre hermanos: ¿cómo manejarlos?

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“¡Max, para de mirarme!”, “Ema ¡yo lo tenía primero!”, “¡Mamá, no es justo que Lía tenga más juguetes que yo!”. Suma y sigue. Los reclamos y celos entre mis hijos son pan de cada día. Y aunque les insisto en que deben ser hermanables, la sensación del que el otro es el favorito, no se les quita.

Esta Navidad Ema terminó llorando. Aunque nos habíamos preocupado de que todos recibieran la misma cantidad y calidad de regalos, ella consideró que los suyos no eran equivalentes a los de sus hermanos.

Si bien, en un principio su reclamo me pareció absurdo, al conversar con ella nos dimos cuenta de que había comenzado a incubar un resentimiento que debíamos detener de inmediato: la idea de que por ser la mayor, le exigimos más y como consecuencia, la queremos menos que  sus hermanos.

El tema no sólo me dio una pena profunda, sino que me llevó a reflexionar qué hemos estado haciendo para evitar el favoritismo y hacerlos sentir queridos por igual.

Los expertos insisten en que es virtualmente imposible tratar a todos los hijos de la misma manera. No solo porque cada uno tiene distintas personalidades, sino porque sus intereses y necesidades no son iguales. Pero sí es clave hacerlos sentir queridos en su particularidad y reducir ciertas acciones que pueden dejar heridas profundas. Basta con recordar la bíblica historia de Caín y Abel para saber que los celos entre hermanos pueden durar toda la vida y tener consecuencias nefastas.

Antes de llegar a eso, nos hemos propuesto trabajar el tema de los celos entre ellos y ayudarlos a desarrollar una relación más armoniosa y solidaria.

Te dejo algunos consejos que dan los más sabios y que hemos empezado a aplicar al pie de la letra:

  • Nunca comparar: nada más doloroso para un hijo que decirle que sea más parecido a su hermano. Su sensación de que no es suficiente será enorme y las posiblidades de que termine resentido con quien se lo compara, altísimas.
  • Escuchar siempre los dos lados: es fácil caer en la tentación de retar por defecto al que siempre se porta mal, pero esto no sólo es injusto sino que puede tener severas consecuencias en la autoestima del más travieso. Darse el tiempo y escuchar los dos lados de una pelea, les enseñará a escuchar y  nos permitirá ser más justos. Por último, si no hay como dirimir, un castigo o consecuencia que los afecte a ambos, es mejor que para uno solo.
  • Valorar lo que los hace únicos: todos los niños necesitan sentirse especiales frente a sus padres. Apoyarlos en sus intereses -aunque no sean de nuestro gusto- cultivándolos y celebrando sus logros, reforzará su sensación de cariño.
  • Reforzar actitudes positivas entre ellos: aunque puede que no sean tan comunes, está atento a cualquier acción de cariño entre ellos para felicitarlos y hacer crecer la armonía entre ellos.

Seguiremos trabajando con Ema para reforzarle lo importante que es para nosotros y para sus hermanos. Sólo con pequeños cambios, ya estamos viendo algunos resultados: está menos rabiosa con ellos.

Confío en que si minimizamos los celos, crecerán más sanos y podrán cultivar esa relación inseparable con alguien que nos conoce desde siempre.

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