Cuando el dolor de cabeza afecta a los niños

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Salvo que haya otros síntomas importantes, la molestia no debe ser un motivo de alarma, pero sí es importante poner atención.

Prácticamente todo el mundo ha sufrido alguna vez dolor de cabeza o cefalea, y los niños y adolescentes no son la excepción. La mayoría de las veces tiene un origen tensional, pero hay otras en que se presenta de forma crónica, en estos casos se habla de migraña.

Esta enfermedad se produce por un mecanismo neurológico y vascular debido a una contracción de los vasos sanguíneos internos y externos del cráneo, seguida de una dilatación. Es de tipo cíclico; los pacientes lo describen como un dolor intenso. Aparece en forma brusca y es lo suficientemente fuerte como para que abandonen sus actividades. En ocasiones, se manifiesta de forma  tan violenta o prolongada que acuden al servicio de urgencia. Salvo que haya otros síntomas importantes, esta molestia no es un motivo de alarma, pero sí se debe poner atención.

Para el doctor Carlos Acevedo, neurólogo infantil de Clínica Alemana, la prevalencia de la migraña en el escolar es de alrededor de un 2% y en el adolescente, particularmente del sexo femenino, puede llegar a un 16%.

“Esta enfermedad se puede asociar con niños que tienen un buen rendimiento escolar, y personalidad perfeccionista y competitiva. En más del 80% de los casos existen antecedentes familiares directos de los padres o abuelos”, explica.

¿Cómo se realiza el diagnóstico?

  Se deben considerar los siguientes aspectos:

  • Tipo de dolor
  • Ubicación (en qué zona de la cabeza)
  • Cuánto dura (minutos u horas)
  • El momento del día en el que el niño siente dolor (mañana, tarde o noche)
  • Posibles factores precipitantes: estrés escolar, ejercicio físico, alimento, otros.

Se debe preguntar al niño si tiene otros síntomas, como por ejemplo, cambios en la concentración, la memoria o el habla, debilidad en un brazo o en una pierna, alteraciones en la visión o en la audición, fiebre, congestión, náuseas o vómitos.

Cuando hay una historia clínica bien relatada y bien escuchada, y un examen físico neurológico, para excluir signos de lesión cerebral, se puede hacer el diagnóstico. No se requiere pruebas de otro tipo. Solo cuando los síntomas son de mucha intensidad, afectan la vida diaria del niño o se sospecha un déficit neurológico, se realiza un escáner (TAC) o una resonancia nuclear magnética de cerebro para descartar una patología orgánica, lo que es infrecuente.

En caso de cefaleas aisladas, el tratamiento a seguir es utilizar analgésicos. Cuando son más frecuentes se indican medicamentos por un mínimo de seis meses para, posteriormente, evaluar los resultados en conjunto con el especialista.

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