Mi hija cumple 10

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Una década. Su primer decenio. Diez años desde que fui madre por primera vez. El cliché de que “el tiempo pasa volando”, no puede ser más cierto para mí en este momento. ¿A dónde se fueron esos 3.650 días?

Mi Ema cumple diez años y en estos días alrededor de su cumpleaños me he puesto nostálgica y melancólica viendo fotos de mi embarazo, su nacimiento y su primer año (el que quedó registrado casi a diario).

La despierto en las mañanas y me demoro unos segundos mirando su carita, tratando de descubrir a la guagua preciosa que me pusieron en los brazos hace ya tanto tiempo. Lo recuerdo como si fuera ayer. Aún puedo revivir la noche anterior, la emoción camino a la clínica, el olor de la sala, la luz del día.

Era un martes, llegamos a las 9 y luego de diez horas de caminata, inducción y parto, nació. Todos los minutos de ese día quedaron grabados: los nervios de mi marido y las abuelas, la familia completa esperando afuera a la primera nieta, mi relajo y confianza en el doctor, el momento del nacimiento, su llanto y mi risa con carcajadas por la maravilla que estábamos viviendo.

Con ella tuve todas las dificultades de mamá primeriza: que no tomaba, que no sabía mudarla, que la abrigaba demasiado, que lloraba con ella cuando no lograba entenderla. Sus pataletas me enseñaron mis propios límites, mi paciencia y cuánto me podía frustrar que no entendiera instrucciones racionales. Sus avances me indicaron lo que se podía esperar y que todo llega.

Han sido diez años intensos, de mucho aprendizaje mutuo, pero también de alegrías infinitas y orgullos sin medida.

Probablemente, por ser la mayor le ha tocado más duro. Su papá y yo hemos aprendido con ella y en ese camino hemos metido la pata mil y una veces. Pero diez años después puedo decir que vamos bien. Se ha convertido en una pequeña linda, atisbo de la mujer en que se convertirá.

Y los 10 años se están convirtiendo en mi edad favorita.

Todavía somos sus referentes y todavía nos escucha. Pero ya es lo suficientemente grande como para tener opinión, conversar como grande, empezar a entender mi humor negro y la ironía, ser autónoma y al mismo tiempo, colaborar y ayudar sin quejarse demasiado.

Ya no hay que perseguirla para que se vista, se bañe o se peine. Tampoco hay que recordarle que haga sus tareas. Es capaz de hacer labores de la casa sin pedírselo y de ayudarnos con su hermana pequeña. Muchas veces es más hábil que nosotros para consolarla o convencerla de hacer algo.

Es mi socia en conversaciones profundas y confidente de pequeñas historias familiares. Escucharla opinar y reflexionar es un agrado, porque me puedo salir del “modo mamá- educadora-de-párvulos”, y mostrarle que el mundo tiene matices.

Mi pequeña Ema está dejando de ser niña para pasar a ser adolescente, y tener el privilegio de ver esa transformación, es un honor que me emociona más de lo que alguna vez pensé.

¿Cómo serán los próximos diez años? Seguro que tan desafiantes como los primeros.

Hoy sé que pasarán volando y sin darme cuenta, mi pequeña guagua será una mujer.

Y tú ¿cómo crees que será cuando tu hijo cumpla 10?

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