Jugar con el papá: una actividad irremplazable

Papá se dedica a jugar y levantar a su bebé. Los dos ríen.

Siempre me ha sorprendido la fascinación de mi hijo por jugar brusco con su papá. Y la voluntad de mi marido para “boxear” con él a pesar de estar cansado o estresado. Hace poco descubrí que es una actividad clave para el desarrollo de los niños y en  la que el padre es irremplazable.

Los hombres de mi casa, al igual que cachorros, les encanta aplastarse, montarse uno arriba del otro y terminar muertos de la risa. Como buena madre nerviosa, me paseo alrededor con voz de profesora latera advirtiendo de posibles peligros.

Pero investigando un poco, aprendí que el juego brusco o juego físico —roughhousing, como le dicen los gringos— es saludable y beneficioso para mis hijos, hombres o mujeres. Y también es una actividad característica de los papás con sus niños.

En todas las culturas el papá tiende a jugar más que la mamá y a realizar acciones más arriesgadas, como arrojarlos por el aire. Este “juego brusco”, tan propio de los hombres, ha demostrado ser  clave para el desarrollo de los niños.

¿Por qué es importante jugar brusco con el papá?

Las razones son muchas.

Les permite desarrollar un espíritu resiliente. Es una manera cariñosa de enseñarle cómo pararse ante a una caída. Ya sea a través del “corre que te pillo” o de un ataque de cosquillas, el juego físico les enseña a manejar la incomodidad y aprender a perder.

Y los hombres parecen estar mejor equipados que las mamás para jugar brusco con sus hijos sin hacerles daño. Nosotras nos ponemos nerviosas y tendemos a sobreproteger. Ellos lanzan a sus hijos como un saco de papas sobre la cama para hacerles cosquillas. O disfrutan con sus gritos al ponerlos de cabeza y hacerlos “caminar” por el techo.

Además, muchas mamás no fomentamos este tipo de juego ante el temor de se conviertan en adultos violentos. Es como decir: “si un niño de 5 años juega a pelear con su papá, creerá que golpearse es divertido y terminará siendo un hombre agresivo”. Estamos equivocadas.

Niños menos agresivos

Los estudios demuestran justamente lo contrario. Los niños y niñas que juegan brusco con su papá son más sociables y aptos en lo emocional. Son más capaces de entender la diferencia entre juego y agresión real. Aprenden a usar su fuerza y su poder de manera correcta. Además es una estupenda oportunidad de explicar qué es un “golpe bajo”.

Esta actividad también les enseña a respetar turnos y a cooperar. Al perseguir y dejarse perseguir, o  apretar y dejar que los apreten; los papás están enseñando a negociar con el objetivo de que todos lo pasen bien.

El juego brusco no sólo es bueno para la salud física, sino también para la salud emocional. Nada unirá más a los hijos con su padre que un momento de risas y apretones. Porque entre medio se colarán abrazos y besos, y aprenderán a confiar en él. Les demostrará de manera práctica que alguien que tiene mucha más fuerza que ellos, se deja ganar.

Y preguntando a distintos hombres, sus mejores recuerdos de infancia tienen que ver con el juego físico y brusco con sus respectivos padres.

Ya lo saben:

La próxima vez que vean al papá de sus hijos lanzándolos por el aire o boxeando, sepan que están aportando a la crianza de manera única e irremplazable.

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