Mesada: cómo enseñarle a nuestros hijos a manejar el dinero

niña que tiene su mesada en la mano

Junto con marzo, ha aparecido un nuevo gasto: las deudas de la biblioteca de nuestra hija mayor. Y comosu ritmo de lectura es intenso y su memoria frágil, las posibilidades de que este gasto aumente son altas. Así que hemos decidido comenzar a darle mesada, pero ¿cómo le enseñamos a manejarla?

Hemos comenzado con una cantidad pequeña a la semana. Algo que le permita pagar sus deudas, pero también darse algún gusto si logra ahorrar durante dos o tres semanas.

Si bien no hay acuerdo sobre cuándo es el mejor momento para empezar a dar mesada, al parecer hemos empezado un poco tarde. A quienes dicen que mientras antes, mejor. Según hemos leído, hay quienes recomiendan dar pequeñas cantidades desde el momento en que son capaces de contar, para que la relación con el dinero, el gasto y el ahorro, sea algo natural. Pero nosotros nos lo planteamos recién cuando cumplió 10.

Su regalo de cumpleaños fue una billetera con un billete en su interior y la promesa de un monto semanal. Esto no sólo la ha hecho sentirse grande, sino que nos ha permitido ir aprendiendo un montón de cosas juntos.

La cantidad no es tan relevante:

Nos dimos muchas vueltas sobre cuánto darle, pero a poco andar comprendimos que la cantidad no era tan relevante. Tenía que ser suficiente para alguna golosina, para sus pequeñas deudas y no mucho más. Lo más importante era la oportunidad que nos daba para hablar sobre el dinero, el ahorro y el gasto.

Es bueno premiar el ahorro:

Como gastar plata es tentador, hemos instaurado que si ahorra un mes completo, se lleva un “bono”. Esperamos que esto le enseñe a priorizar metas y a “retrasar la gratificación”, algo que todos los psicólogos recomiendan. Si bien las primeras semanas se ha gastado el 100% en las ventas de juguetes inservibles que organizan sus vecinitos, seguimos confiando en que con la orientación debida, se dará cuenta de que es mejor guardar para un gasto mayor y mejor.

La mesada no es un pago por las tareas de la casa:

Hemos tratado de no vincular la mesada al pago por las tareas de la casa, a los premios por algún buen comportamiento o a una meta lograda. Respecto de las tareas de la casa, nunca hemos querido “pagarlas”. Yo sé que sobre esto hay controversia, pero creemos que hacer la cama o lavar los platos es parte de pertenecer a una familia que comparte el mismo hogar. Y que si damos dinero por esas cosas, después no las harán sin pago de por medio.

No más “regalos” pequeños:

Ahora cuando pide algo en el supermercado, la respuesta es “usa tu plata”. Con esa sola frase, las peticiones han bajado casi a cero. Ella misma se plantea la real necesidad de tener un nuevo cuaderno o comprarse un paquete de galletas. Y sorpresivamente nos hemos dado cuenta de que cuando se trata de su dinero, es mucho más cuidadosa con los gastos.

Ha sido una buena lección para los dos lados.

Ahora cuéntanos si le das mesada a tus hijos y cómo les enseñas a manejarla.

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