Mudadores en los baños de mujeres… y de hombres

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Desde principios de octubre es ley en EEUU que haya mudadores en todos los baños de reparticiones públicas. De mujeres y de hombres. Se acabó la discriminación del cambio de pañales. Una acción interesante sobre la que vale la pena reflexionar.

La primera vez que fui consciente de que los mudadores sólo estaban en los baños de mujeres fue gracias a una amiga. Ella y su marido cumplían a rajatabla la norma autoimpuesta de dividirse todas las labores relativas a su pequeña hija. Todas. Y el cambio de pañales era una de ellas. Si estaban en una reunión y tocaba mudar, cada uno sabía bien quién había sido el último y casi sin mirarse, el siguiente en el turno, se paraba y cumplía con el deber. Pues bien, la situación se topó con un problema cuando en las primeras vacaciones fuera de la ciudad, se dieron cuenta de que él no podría realizar su parte pues los baños de hombres no contaban con mudadores.

Claro, eso fue hace bastantes años y aún no se inventaba la solución intermedia que ahora abunda en las estaciones de servicio: el baño familiar o derechamente de niños.
Mi amiga se quejaba amargamente de lo machista que era pensar que cambiar pañales era sólo labor femenina.

Cuando tuve mis propios hijos y tocaba mudar en un restorán, la tarea invariablemente recaía sobre mí. Y claro, en algún punto me empezó a parecer injusto. Mi marido era igualmente hábil que yo y no parecía razonable que no pudiera hacerlo en lugares públicos simplemente porque no había un lugar adecuado.

Cuando años después contaba esta historia, muchas mujeres se sorprendían de que mi amiga le impusiera la muda al marido en toda circunstancia. Algo así como “está bien compartir labores, pero igual prefiero que mi guagua no entre al baño de hombres”.

Esta situación me llevó a reflexionar sobre cómo las mujeres somos las que muchas veces nos recargamos de trabajo en el proceso de crianza, porque no dejamos que los padres cooperen y derechamente se hagan responsables de ciertos procesos. Se asume que somos más adecuadas que ellos para ciertas labores de crianza, pero, a mí modo de ver, para cambiar un pañal, dar de comer, bañar o muchas otras tareas que demandan los pequeños no se requieren genes femeninos. Sólo interés en hacerlas y una sociedad que dé las facilidades para ello.

Por eso me parece tan relevante esta nueva ley norteamericana. Aunque es un poco triste que haya que imponer por ley algo que debiera ser obvio -la existencia de espacios amigables con la crianza para ambos padres en todas partes-, me parece bien que la sociedad nos fuerce a reflexionar sobre ello.

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