Buenos modales: actitudes mágicas para adultos y niños

Mamá explica buenos modales a su hija

“Con por favor y gracias, todo resulta mejor”. Así canta la canción de Mazapán que nuestros niños aún aprenden. Pero además de esas dos palabras mágicas, que pueden facilitar la convivencia, los buenos modales en general nunca deberían pasar de moda.

Construir una sociedad agradable es tarea de todos. Y quienes tenemos hijos hacemos un aporte concreto al futuro si los educamos en la amabilidad social y la preocupación por el otro.

No se trata de llenarlos de normas ilógicas. Pero hay algunos buenos modales que se pueden practicar y que ayudarán a una mejor convivencia entre todos.

Buenos modales para todos:

Saludar siempre:

En Chile saludamos poco. Nos cuesta saludar al entrar a un ascensor o a quien nos topamos en situaciones cotidianas. Dar el ejemplo y saludar amablemente cuando nos encontramos con alguien, es enseñar que la amabilidad puede mejorarle el día a cualquiera.

Ser puntual:

Otro defecto nacional es llegar tarde. Pero la puntualidad no tiene tanto que ver con nuestro apuro o relajo, sino con respetar el tiempo ajeno.

Sostener la puerta a quien quiere pasar:

Esto ya dejó de ser sólo un signo de caballerosidad entre un hombre y una mujer. Es una obligación de todos que al pasar por una puerta, nos fijemos si viene alguien más y esperemos a que pase.

Pedir perdón cuando chocamos con alguien:

Eso de seguir como si nada cuando hemos pasado a llevar a otro no sólo es agresivo, sino que colabora con el clima apurado y poco amable.

Taparse la boca al estornudar o toser:

No hay mucho más que agregar, salvo que los médicos recomiendan no taparse con la mano, sino hacerlo con el brazo. No sea que cuando salude a alguien reparta virus de una mano a otra.

Esperar el turno:

Nada más desagradable que quien adelanta por la berma o se “roba” un estacionamiento de alguien que estaba esperando. Vivir en sociedad supone saber que algunos estarán antes que yo y eso se practica desde chiquititos.

No interrumpir:

Soy especialmente estricta con mis niños en esto y tiene directa relación con el punto anterior. Si alguien está hablando, no es posible interrumpir para contar otra cosa. Hay que esperar.

Decir cosas amables:

Optar por remarcar lo bueno en vez de lo malo debería ser tarea de todos los días. En el caso de los niños, he comprobado que les encanta acusar a otro de mal comportamiento o competir por quién ha sido más en una situación, descalificando al otro. Estoy en la tarea diaria de repetir: “si no tienes nada amable que decir, mejor no digas nada”.

Modales a la hora de comer:

Comer con la boca cerrada, no hablar con la boca llena y no recostarse sobre la mesa puede parecer casi anticuado, pero no debería serlo. Siempre les digo a mis niños que los modales en la mesa tienen que ver con hacer de la comida un momento agradable. Mirar comer a otro no debería ser nunca motivo desagrado.

Todas estas acciones son sencillas de realizar, pero sólo se hacen hábito cuando las repetimos muchas veces, por eso es importante trabajarlas desde la infancia.

Y a ti ¿qué buenos modales te gusta que respeten tus niños?

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público.