El primer prenatal: un momento maravilloso

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En Chile las madres gozamos de un permiso de 42 días antes de la fecha probable de parto. Mientras muchas mujeres del mundo deben trabajar hasta la misma semana en que van a dar a luz, nosotras tenemos este derecho y vale la pena disfrutarlo.

Aún recuerdo con nostalgia mi primer prenatal. Ningún otro tiempo de la vida se ha parecido a esas vacaciones pagadas, llenas de ilusiones, dudas y también paz. Para una mujer trabajólica como lo era yo hasta entonces, fue un regalo que me “obligaran” a detenerme y descansar.

Alguien me dijo por esos días: “disfrútalo, nunca volverás a vivir un período así de regalado y tranquilo, porque aunque tengas más hijos, tus próximos permisos prenatales serán con más niños”. Y hoy repito lo mismo para todas esas mamás primerizas que están a punto de vivir ese primer período.

Aún no deja de sorprenderme que en muchos países no exista y que tantas mujeres deban trabajar hasta la semana misma de dar a luz. A las 34 semanas yo me sentía explotar y apenas me podía el cuerpo. No sé si habría sobrevivido trabajando y moviéndome sin parar hasta el último día, y todas las mujeres que lo hacen tienen mi más profunda admiración.

Yo aproveché ese casi mes y medio antes del parto para hacerme cariño y conectarme con mi guagua. Largas siestas, compras para armar la pieza con calma, buscar las ropitas que faltaban -Baby Colloky siempre es una buena opción- y disfrutar de innumerables babyshowers, en los que mi panza y yo aún éramos las protagonistas. Si bien todos los regalos eran para la guagua, yo me sentía la reina. No había ninguna posibilidad de que pudiera anticipar de verdad cómo serían los próximos meses, así que aproveché esa feliz ignorancia para disfrutar al máximo el cariño recibido.

Pude descansar sin culpa, dormir “para prepararme” y flojear a gusto. Sin embargo, como a muchas, me vino la ansiedad por “armar nido” y me pasé buena parte de ese último mes ordenando clósets, limpiando y haciendo todo eso que según me habían amenazado, desaparecería en pocas semanas.

Un par de sugerencias para esos días felices:

Aprovecha algún momento del día (yo lo hacía en la ducha y mientras me vestía), para cantarle una canción o decirle un poema a tu guagua. Las mismas palabras todos los días. Puede ser un verso cortito o una canción infantil. El sonido repetido una y otra vez se incorporará en su cerebro y una vez que nazca, podrás calmar el llanto a cierta distancia, repitiendo esa canción o ese verso.

Durante ese primer prenatal canté todos los días “La Chinita Margarita”, aunque me parecía un poco ridículo. Pero fui matea y lo hice cada mañana tratando de no pensar en mi vergüenza. Cuando Ema había nacido, cada vez que le cantaba esa canción, ya fuera en brazos o en la cuna, ella se calmaba. Fue muy mágico.

También es lindo que le escribas alguna carta -o si eres entusiasta, un diario- sobre cómo te sientes y cómo estás anticipando su llegada.

Yo lo hice (me resultó sólo con mi hija mayor) y ahora que tiene 10 años hemos repasado esas notas con emoción.

Por último, hazte cariño. Échate cremas con calma. Disfruta los olores, las texturas y las sensaciones. El último mes puede ser bastante incómodo físicamente, pero también tu cuerpo te habla. Date tiempo para respirar y para descansar. Trata de eliminar las ansiedades y déjate llevar, disfrutando esos 42 días maravillosos que nunca volverán a ser iguales.

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