El valor de jugar con tierra

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Hace algunos días, Lía, mi hija de 4 años estaba totalmente aburrida. Ninguno de sus hermanos grandes quería jugar con ella y no era capaz de entretenerse sola. Para que dejara el lloriqueo la invité a jugar con tierra. Y cuál no sería mi sorpresa al verla arriscar la nariz apenas se le ensuciaron las uñas. Tuve que tomar cartas en el asunto.

Jugar con tierra es de esos momentos ancestrales al que todo niño debería tener derecho. Desde la época de las cavernas nuestros niños han de haber jugado con lo que el mundo les ofrecía: piedras, plantas, tierra y agua. Pero en la actualidad, donde nuestros niños son cada vez más de departamento, muchas veces se pierden las entretenciones más obvias.

Uno de mis juegos favoritos de la infancia era la pastelería de barro. Con mis hermanos usábamos una escalera de tijera como escaparate y deplegábamos ahí nuestra hermosas creaciones en platitos de juguete: tortitas y galletas de tierra mezclada con agua y adornadas con flores y hojitas. Mi madre, con infinita paciencia, hacía las veces de clienta y nos “probaba” las delicias que habíamos cocinado.

Podíamos pasar horas en esa entretención y siempre terminábamos con una guerra de tortitas que ponía imposibles nuestras ropas, pero valía la pena el reto.

Por eso me cuesta tanto entender que mis hijos no disfruten con lo mismo. Muchas veces los he incentivado a jugar con tierra. Y si bien en la playa no tienen problemas para construir castillos, en la casa se enredan más. Los gusanos, el color del barro, la suciedad… los pone nerviosos.

Sin embargo, está archi demostrado que que jugar con tierra tiene innumerables beneficios:

Sistema inmune:

El primero y más obvio, es que mientras más expuestos están a los patógenos del ambiente, más se ejercita su sistema inmune. Al jugar con tierra, e incluso probarla, las defensas se activan y funcionan mejor. Esto mismo ayuda a prevenir alergias.

Contacto con la tierra:

Al jugar en el exterior nuestros hijos tienden naturalmente a andar descalzos y esto también tiene beneficios. Hoy se sabe que al estar en contacto directo con la tierra, aliviamos el estrés al permitirle a nuestro cuerpo que conduzca las cargas eléctricas que se acumulan con el uso de los zapatos, hacia la tierra. Esto puede parecer medio new age, pero estudios han demostrado que permite dormir mejor y estar más relajados.

Mejora sus habilidades cognitivas:

Para mí gusto, ésta sola razón justificaría que nuestros hijos jugaran con tierra todos los días. Al pasar tiempo en el exterior observando, probando y tocando -la tierra permite todo eso- desarrollan habilidades cognitivas naturalmente. Desde entender principios de la física hasta mejorar su capacidad de pensamiento crítico. Y lo mejor es que lo logran sin darse cuenta.

Por eso, a pesar de sus resistencia inicial, insistí con mi hija quitándole importancia a la mugre y mostrándole yo misma, lo entretenido que era ir con el canasto al supermercado de “flores y hojas” para adornar sus pastelitos. O lo rejalante que era aplastar barro entre los deditos y formar bolitas. Y que mojarse y ensuciarse eran una consecuencia sin importancia de este juego.

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